
En 2002, se le declaró formalmente liberado. Sin embargo, Keiko, al ser capturado a una edad muy joven, no aprendió de su madre las rutas de emigración de las orcas, tampoco aprendió a comunicarse con sus semejantes. Debido a esto no se adaptó a su nuevo ambiente y tampoco fue aceptado por las otras orcas. Keiko terminó viviendo en una bahía, cerca de las personas. Realizaba trucos frente a los barcos pesqueros para obtener alimento. Los mismos ecologistas que lo "liberaron" fueron por Keiko y lo alejaron del único lugar donde era capaz de alimentarse. Unos meses después, Keiko falleció debido a una neumonía. Los veterinarios determinaron que, además de la neumonía, Keiko padecía de desnutrición y tenía tiempo de no haber comido.
Esto nos enseña, que los humanos cometemos errores que no pueden ser reparados. Hace un mes, anunciaron que un delfín sobrevivió al derrame petrolero en el golfo. El sobreviviente, tiene 3 años y no será liberado. La razón: Es un bebé que depende de su madre y los humanos no le podemos enseñar a sobrevivir en el oceano. Vivirá en cautiverio en un parque. Triste, sí. Sin embargo es hipocríta pensar que aprenderá a vivir usando instintos que ni siquiera sabe usar.
Keiko es siempre un recordatorio de que las buenas intenciones, también matan y no siempre lo que creemos correcto es lo mejor.





